“Los contrabandistas de tabaco no son vistos como delincuentes entre la sociedad andaluza”

Olivia regenta el estanco nº155 de Sevilla desde hace 25 años. Su negocio se encuentra en un barrio humilde de la capital andaluza, en el que la crisis económica ha atizado con fuerza a sus vecinos en los últimos años. Es por ello y por la subida del precio del tabaco que, según la estanquera, presidenta de la Asociación Provincial, la venta ilícita alrededor de su estanco ha aumentado considerablemente.

Muy cerca, a unas cuantas calles de su negocio, hay un conjunto de casas que “son una auténtica fábrica de tabaco ilegal. En su interior se compra y vende a todas horas”, cuenta Olivia con un tono que evidencia cansancio. “Y lo que es peor, todo el mundo lo conoce y su actividad no parece que vaya a cesar.”

Olivia sabe, como todos sus compañeros de profesión, de donde procede la mayoría del tabaco de contrabando en la región andaluza; señala a Gibraltar como principal foco de entrada de tabaco que se vende ilegalmente en su Comunidad. En relación con esta venta ilegal, para Olivia, “el tabaco que se vende de manera ilícita de Gibraltar por lo menos se puede contabilizar, pero el de picadura que se pesa y se vende en bolsas de plástico, está fuera de control. Hace tiempo que los estanqueros perdemos consumidores de cajetillas, y ahora también comenzamos a tener menos clientes que demandan picadura”.

Entre los vecinos, vender y comprar tabaco de contrabando está totalmente normalizado, y ese es para Olivia, sin duda, el principal problema. “El contrabando de tabaco va en aumento porque cada vez hay más demanda” afirma la estanquera.  La sociedad andaluza, en términos generales, no es consciente del daño que hace comprando este tipo de productos. Es por esta razón que los contrabandistas no están, en absoluto, considerados unos delincuentes. Como dice Olivia, “la gente solamente ve las ventajas de este tipo de comercio: el tabaco lo vende un conocido del barrio, es más barato que en el estanco e incluso, te lo puede llevar directamente a casa”.

Olivia lo tiene muy claro. Para ella hay dos maneras que ayudarían considerablemente a reducir esta situación, que afecta directamente a su negocio e indirectamente al conjunto de la sociedad. Por un lado, obligando a Gibraltar a subir los impuestos que afectan al tabaco. Por otro, prohibiendo a las compañías de tabaco que vendan un número de cajetillas de tabaco superior a la demanda en este territorio.

Finalmente, la estanquera quiere transmitir la falta de responsabilidad que tanto ella como sus compañeros perciben por parte de las administraciones. “A veces parece que tratan este tema en Madrid, pero tengo la sensación de que la Junta de Andalucía no es consciente del agujero económico que produce el contrabando de tabaco para las arcas del Estado y para la propia Comunidad. Ahora se le presta más atención a la situación de La Línea porque temen que ocurra como en Galicia hace años: el contrabando de tabaco es el paso previo al narcotráfico”. En relación a la labor policial, no pone en duda su profesionalidad y sus esfuerzos por acabar con esta lacra. El problema, concluye Olivia, es que el conflicto ha tomado tales dimensiones que se ha perdido por completo el control.