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El contrabando de tabaco, objeto de análisis en “La economía ilícita en España”, el nuevo libro de Armando Fernández Steinko

«La luz natural apenas penetra en el mundo de la delincuencia económica, un mundo habitado por la doble moral, la inconexión y la palabra falseada que se resiste a su explotación racional».

Nacional | 12/11/2021

Con estas palabras comienza la nueva obra de Armando Fernández Steinko (Madrid, 1960), catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro La Economía Ilícita en España, publicado por Alianza Editorial.

El discurso de Fernández Steinko minimiza la rotundidad de los datos y las cifras para ofrecernos una radiografía simple sobre la que se trazan nuevos hallazgos, cálculos y conclusiones.

Entre sus propuestas, llama la atención el capítulo dedicado al contrabando de tabaco, un fenómeno con tradición en nuestro país que mantiene la asombrosa capacidad de adaptarse a los nuevos tiempos sin perder un ápice de peculiaridad frente a otros tipos de actividades ilegales.

En opinión del autor, su especial consideración obedece a «la importancia económica para las arcas públicas» junto a la preocupación de la propia Unión Europea por un producto cuya producción y consumo es completamente legal. Esto hace, según Fernández Steinko, que «las actividades terroristas pueden ser en ocasiones financiadas con excedentes obtenidos en el comercio ilícito».

«La propia camorra, radicada en zonas portuarias del sur de Italia, se ha venido financiando parcialmente con contrabando de tabaco desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y su interés por los productos procedentes del tabaco ha vuelto a aumentar desde finales de 1980».

El autor repara en la alta legitimidad que gozaba esta actividad, que contribuyó a compensar la escasez del empleo local, comparable con aquellos rebeldes primitivos – asaltantes de caminos con pretensiones de redistribución – que han proporcionado una imagen romántica del pequeño contrabandista de tabaco que aún se percibe positiva para la mayoría de españoles.

Sin embargo, la profesionalización surgida en la década de 1970, coincidente con la liberalización de la economía, hicieron decaer tanto los incentivos económicos del contrabando como buena parte de su legitimidad y prestigio social al no resultar imprescindible para mejorar la calidad de suministro entre la población.

En nuestro país, la principal vía de entrada para este tipo de mercancías ilícitas continua siendo el mar. Son las áreas portuarias comerciales más modernas junto las zonas francas y pasos fronterizos aquellos lugares por los que entra buena parte del contrabando de tabaco. A nivel social, las zonas azotadas por el desempleo otorgan a parte de la población local el derecho a introducir legalmente en España la cantidad máxima de 800 cigarros, 400 puritos, 200 puros o un kilo de tabaco de liar con la que cruzar diariamente la frontera. Esta mercancía suele ser vendida posteriormente en los mercados clandestinos locales próximos a aquella.

Esto explica que las comarcas más vinculadas a esta forma de contrabando minorista sean Gibraltar – enclave colonial de soberanía británica con una larga tradición en esta actividad – y Canarias, donde el tabaco está sometido a un régimen fiscal especial que favorece su reimportación clandestina a la Península, así como las comarcas de la provincia de Lérida que limitan con Andorra.

El incentivo económico del contrabando de tabaco nace del gravamen incluido en el precio de los cigarrillos cuando estos se compran en los mercados legales. En España se trata del producto de consumo que soporta el mayor porcentaje de impuestos especiales: casi el 80% del precio final de cada cajetilla si se suman los impuestos especiales y el I.V.A. aplicable.

La mayor parte de este porcentaje equivale a la parte básica fijada de forma conjunta en todos los países de la Unión Europea, aunque cada Estado puede incrementarlos libremente hasta un porcentaje determinado. Esto genera incentivos económicos desiguales para los contrabandistas dependiendo del pais en el que residan los consumidores finales.

El autor sostiene que el protagonismo de España en el mercado ilícito de tabaco y las rutas del contrabando europeo surgen, fundamentalmente, de su situación geográfica, que lo convierte en un país de entrada de grandes cargamentos, a unos niveles de control más bien bajos de las cadenas de compras, transporte y suministro, y, por último, en suministrador potencial de productos del tabaco desviables a los mercados clandestinos.

Si aplicamos las estimaciones sobre el consumo real de tabaco de contrabando en España, se puede decir que el valor de los productos del tabaco de contrabando asciende a unos 1.200 millones de euros anuales que equivalen al 1% del PIB. Aplicando un gravamen medio del 80%, la Hacienda española dejaría de ingresar todos los años unos 960 millones de euros en impuestos especiales. 

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